En la costa norte de Peru, a pocos minutos de Trujillo, el pueblo pesquero de Huanchaco es hoy uno de los destinos preferidos por surfistas de todo el mundo. Pero su relación con las olas del Pacífico es mucho más antigua de lo que se imagina.

Una tradición de más de mil años

Los caballitos de totora, estrechas embarcaciones de junco construidas con técnicas transmitidas desde la época preincaica por las culturas Chimú y Moche, todavía son utilizados hoy por los pescadores locales para salir al mar y regresar surfeando las olas. Es precisamente esta maniobra, repetida durante siglos, la que ha llevado a muchos historiadores a considerar Huanchaco como la cuna del surf, mucho antes de que el deporte se popularizara en Polinesia y Hawái.

Construido con totora, una caña que crece en las lagunas cercanas, cada caballito se fabrica a mano y dura solo unos meses antes de tener que reconstruirse, manteniendo viva una artesanía que todavía practican unas pocas familias del pueblo.

Entre la tradición y el surf moderno

Junto a los caballitos, Huanchaco es también un destino popular para el surf moderno, con olas aptas para principiantes y numerosas escuelas a lo largo del malecón. El muelle y la iglesia colonial en la colina que domina la playa completan un escenario donde la tradición ancestral y el turismo contemporáneo conviven con naturalidad.