Aunque La Paz es la sede del gobierno, la capital constitucional de Bolivia es oficialmente Sucre, una ciudad cuyo centro histórico, completamente blanqueado, ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Una ciudad detenida en la elegancia colonial

Fundada en 1538, Sucre debe su apodo de “Ciudad Blanca” a una ordenanza municipal que exige que todos los edificios del centro histórico estén pintados de blanco, una tradición que se respeta todavía hoy. El resultado es un paisaje urbano de una armonía poco común, con iglesias, conventos y mansiones que recuerdan la importancia de la ciudad durante la época colonial, cuando fue una de las ciudades más ricas de Sudamérica gracias a las cercanas minas de plata de Potosí.

La cuna de la independencia boliviana

Sucre ocupa un lugar especial en la historia del país: fue aquí, en la Casa de la Libertad, donde se firmó la declaración de independencia de Bolivia en 1825. El edificio, hoy convertido en museo, es una de las paradas más visitadas del centro histórico, junto con la Catedral Metropolitana y los numerosos conventos que todavía conservan valiosas colecciones de arte colonial.